La acción no falta: ganar dinero, traficar con drogas o matar a alguien. Todo ello bien mezclado y obtenemos un buen producto entretenido y atractivo.

Se presta mucha más atención a la vida en el campamento, un lugar en tierra de nadie sin patria, ley ni orden que espera su anexión a los Estados Unidos de América. Mientras ello ocurre, el poder absoluto es de Al Swearengen, un colono irlandés que regenta un prostíbulo, además de unos cuantos negocios de propiedades, oro y tráfico de opio, así que los timos, engaños, asesinatos y palizas son su correctivo como dirigente.
Al es un personaje potentísimo, con unos parlamentos excepcionales y con una malicia y una mala leche considerable, además de una lengua bífida que merecería unos buenos lavados de lengua –no sé cómo será la traducción al español pero en inglés es todo un catálogo de buenas palabras-. Su antagonista, aunque de forma muy tímida es el Sr. Bullock, interpretado por el señor Olyphant, a quien vemos también en Jusfied, un actor con gran carisma.

El elenco de personajes secundarios es muy amplio, hasta el punto de que en ocasiones podemos perdernos. El ritmo narrativo es trepidante, recuerda en este sentido a la velocidad de la serie Boardwalk Empire, una serie en donde se narran los orígenes de la mafia, y que tiene bastantes parecidos con Deadwood.
Entre los personajes más entrañables destacan Trixie, la prostituta que adquiere un mayor protagonismo de entre todas las presentes, el señor Hidkok, una leyenda del oeste muy similar a Buffalo Bill, el reverendo, el doctor y los señores Garret, buscadores de oro a tiempo parcial y un largo etcétera que genera una sensación de realismo que, por lo menos a mí, me ha resultado muy agradable.
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