
Como decía, Alberto Rey, que lleva el blog llamado Asesino en serie de El Mundo, comenta dos cosas sobre la serie, la primera es que es difícil de ver, en un sentido positivo, es decir, requiere la participación del espectador, prestar atención, interpretar… Por otro lado, la tilda posiblemente como aburrida, tampoco le falta razón, aunque yo diría más bien sosegada, tranquila.
En el primer capítulo un hombre rico, lee la prensa en su mansión, entre los periódicos encuentra un trébol de cuatro hojas y poco después se dispara en la cabeza. Esta trama queda en un plano secundario poco después para asistir a la trama principal, protagonizada por uno de los tantos servicios de analistas de información del gobierno de los EEUU (un servicio denominado API), así que nos encontramos ante una serie de espías de oficina, por tanto, la acción se condensa en estas oficinas y las intrigas relacionadas con el suicidio que abre la serie y que tendrá consecuencias para todos los personajes.

Y es que la información, creo que podría ser la moraleja de esta serie, domina nuestras vidas a todos los niveles y, por su puesto, tenerla y saberla interpretar es sinónimo de poder. Cabe recordar que no mucho tiempo antes de que comenzar la galopante crisis económica que padecemos, el banco Santander vendió su edificio nada más y nada menos, La Caixa, más o menos a la vez se deshizo de su filial inmobiliaria, ¿curioso verdad? Bien por sus lectores.
Así que la serie que engancha, un poco lenta en determinados momentos, pero bajo mi punto de vista justificadamente, ya que se requiere que la resolución de los cabos sueltos lleve su ritmo. No falta de nada: muertes, códigos secretos y la certeza –se nos da muy poco a poco- de que nada es lo que parece y que la conspiración está servida, aunque nos cueste vislumbrar de donde viene. Muy buena.
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