Desde el punto de vista la ficción, la idea es impresionante, un almacén secreto, el almacén 13, donde se guardan objetos mágicos, peligrosos y por tanto codiciados. Un sinfín de objetos de la historia de la humanidad y de un buen número de personajes y lugares, tanto míticos como hasta cierto contemporáneos, como es la bola de la discoteca del Studio 54, talismanes contra el fuego, pelotas que se reproducen al tocarlas, el espejo de Carroll etc. Sin embargo, el resultado no pasa de ser entretenido.
Dos agentes del Servicio Secreto de los EE.UU. son reclutados como agentes del almacén. Un lugar apartado y gigantesco. Su misión es sencilla, proteger el almacén y seguir recuperando objetos que alteran la personalidad de la gente y los ponen en peligro.
Los protagonistas y las situaciones recuerdan mucho a The Fringe: agente femenina guapa e inteligente, agente masculino guapo, infantil y con un don para presentir cosas. Un jefe algo alocado, mitad científico, mitad policía y un oscuro entramado de personalidades que controlan el almacén -los regentes-, al margen de ningún control. Los casos se suceden aunque son difícilmente justificables, es decir, que la serie es poco verosímil, rozando el absurdo en muchas situaciones.
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